Desde 1930 Argentina viene sufriendo varias dictaduras militares, la del 30, la del 43, del 55, la del 66, y la del 76.
No hay duda de que la última dictadura fue la más sangrienta de todas: con un saldo de 30.000 desaparecidos, una sociedad oculta en el terror, la censura, y la represión absoluta.
Una sociedad destruida, perseguida, atemorizada, en todos sus espacios: en el trabajo, en la calle, en las escuelas, en las casas.
El dictador videla, estaba convencido, que quería asesinar, primero a los que estaban contra la dictadura, luego a los que tenían dudas.
En Argentina hoy se habla de 30.000 desaparecidos. Compañeras, compañeros, trabajadores, estudiantes, amas de casa, luchadoras y luchadores sociales.
El terror invadió las calles por 7 años, fue una guerra del estado contra el pueblo. Todo el aparato militar, administrativo, y político del estado, en función de la represión, y el estrangulamiento económico.
Lamentablemente hoy algunos siguen apoyando este tipo de políticas neoliberales, los mulos de menem, macri, cavallo, de narvaez, clarín, etc.
La dictadura fue el inicio de las políticas violentas de exclusión social, que siguió llevando a cabo menem, regalando el país a las multinacionales que solo buscaban sacarle ganancias a nuestro pueblo. La poca industria que el país pudo lograr entre las décadas del 30 y del 50, fue destrozada por las políticas económicas del dictador martínez de hoz, el ministro de economía de la dictadura, que abrió las puertas al mercado internacional, e incremento la deuda externa a cifras inesperadas antes del 76, luego cavallo siguió explotando al pueblo en beneficio otra vez de los ricos del mundo. No olvidemos la nefasta figura del dictador cavallo, que fue el ministro de economía del vaciamiento del país desde 1982, siguió directa o indirectamente hasta la caída de de la rua.
Esta última dictadura Argentina, como otras tantas dictaduras que sufrió Latinoamérica, fue con el objetivo de ordenar” a la sociedad en base al miedo y la persecución ideológica, sometiendo a los trabajadores con salarios bajos, con desocupación, y con torturas.
La década del 70, es momento de convulsiones políticas en todo el mundo. Es escenario de gran activismo para los perseguidores de una sociedad libre, la Revolución Cubana en 1959, el Mayo Francés del 68, el Cordobazo del 69, la Revolución democrática de Allende en el 73, como ejemplos, son momentos de la historia que determinan una década de mucho contenido militante y revolucionario.
Claro que los centros de poder que manejaban la situación política y económica del mundo (como siempre Europa y Estados Unidos), supieron de la importancia de estos grandes movimientos sociales, que podían molestar en sus acciones políticas de explotación y de hambre.
Es por esto que los capitalistas especuladores del neoliberalismo, motivados por sostener sus intereses en Latinoamérica, imponen políticas concretas para la región:
Dictaduras militares: pinochet en Chile, banzer en Bolivia, morales bermúdez en Perú, videla en Argentina, y otros tantos dictadores que obedecieron las leyes del capitalismo internacional, violento y explotador.
El objetivo de estas políticas era imponer y expandir la explotación de la gente, y generar miedos en la sociedad para callar a los “revoltosos”, en nombre de Dios y el liberalismo, favoreciendo otra vez al primer mundo.
Las acciones políticas concretas de estos dictadores fueron:
La intervención de sindicatos, la anulación de partidos políticos, la intervención de las universidades, la persecución violenta a la oposición como estrategia política para callar y desarticular a la sociedad, y la represión que en muchos casos imitaron las políticas nazis de la Alemania de hitler.
Los beneficiarios de esta situación política, como no podía ser de otra manera fueron los grandes capitalistas nacionales (macri, fortabat, bunge y born, etc.) e internacionales.
Los perjudicados: el pueblo (clásica ecuación capitalista).
Todo el “subdesarrollo” latinoamericano sufrió estos impactos de violencia económica, política y física, que da el inicio a las políticas neoliberales en el continente.
El primer mundo (con el nombre del capital financiero internacional), necesitaba dinero rápido luego de la crisis del petróleo (en la década del 70), y a demás tenían miedo que los “revolucionarios” del mundo les quiten poder económico y político.
Por esto, el FMI comenzó progresivamente a tener un papel fundamental en las decisiones políticas y económicas de Latinoamérica, generando su momento mas explotador en la década del 90 en toda la región.
La estrategia del FMI, era imponer políticas concretas de explotación. Este organismo daba préstamos a los países pobres, y la forma de devolución que exigía a los “subdesarrollados”, era reducir los gastos del estado. Esto significa que se les exigía que recorten, a los jubilados, a los docentes, a los trabajadores de la salud, etc.
El FMI, daba préstamos, y de esa forma exigía a los países “subdesarrollados” sus políticas de hambre y exclusión. Entonces vemos que el FMI, tuvo un papel crucial en la decadencia económica de los países pobres del mundo.
Los medios de comunicación: transmisores de la propaganda de videla y massera, se encargaron (con financiamiento internacional), de mantener al pueblo desinformado y atemorizado. Todos eran subversivos, menos los milicos.
El primer mundo europeo, hace 500 años desarticuló todas las relaciones sociales que tenía el continente latinoamericano. Destruyó todas las culturas, e impuso la suya. Hoy se habla de 30 millones de indígenas asesinados en aquella época.
En la actualidad los dueños del mundo cambiaron la estrategia política, ya no es la espada y la biblia, lo que nos hace cambiar de opinión a la fuerza, hoy son los medios de comunicación, los mercados, la democracia, el consumo, y los atentados a un enemigo que no existe, que se inventan para generarnos terror y para poder introducirse en todos los países pobres para seguir explotándolos.
Hace 500 años, la política de aquellos primeros Imperialistas, fue usurpar tierras y riquezas a los pueblos y asesinarlos para que no queden dudas de que los europeos querían dominar el mundo para explotarlo mucho.
La estrategia del primer mundo en la década del 70, fue torturar, perseguir, y asesinar a los “revoltosos importantes”, para poder llevar a cabo políticas de explotación económica sin que la gente se movilice.
La estrategia en la actualidad globalizada, es que se sostengan las mismas situaciones de opresión que hace 500 años, sin que los pueblos se den cuenta de la situación política del mundo.
Es así como encontraron el mecanismo para poder sostenernos en la ignorancia total, tanto a los pueblos “desarrollados” como “subdesarrollados”.
Los pocos ricos del mundo con los medios de comunicación en su poder, se encargaron de manejar la “verdad” de la desigualdad, lograron su objetivo de paralizar al mundo con violencia que no se ve.
En base a la publicidad y al ocultamiento de las realidades, nos muestran un mundo paralelo que no existe, que solo está armado para que siga el hambre, la desnutrición, las guerras, el individualismo, el desempleo, la inseguridad, el embrutecimiento, la imposición de necesidades que no elegimos y que no necesitamos.
Con el mismo objetivo de siempre: para que los ricos se sostengan en el poder exprimiendo lo poco que le queda al mundo pobre.
El que no puede consumir no tiene participación en la sociedad, y mas de la mitad del mundo hoy no puede consumir porque es pobre, es excluida.
En este 24 de marzo nuestra forma de recordar a los asesinados por la dictadura, es seguir con su búsqueda de una sociedad para todos, buscando la libertad y la igualdad. Es seguir militando por una sociedad donde participemos todos por igual, donde todos podamos decidir lo que queremos hacer sin sometimientos ni económicos ni políticos.
Siguen presentes en cada manifestación, en cada escuela, en cada crítica, en cada libro, en cada asamblea, en cada canción de protesta, en cada discusión en un barrio, en cada abrazo a un compañero.
Detenido Desaparecido: PRESENTE.
Eduardo Galeano
Haití fue el primer país donde se abolió la esclavitud. Sin embargo, las enciclopedias más difundidas y casi todos los textos de educación atribuyen a Inglaterra ese histórico honor. Es verdad que un buen día cambió de opinión el imperio que había sido campeón mundial del tráfico negrero; pero la abolición británica ocurrió en 1807, tres años después de la revolución haitiana, y resultó tan poco convincente que en 1832 Inglaterra tuvo que volver a prohibir la esclavitud. Nada tiene de nuevo el ninguneo de Haití.
Desde hace dos siglos sufre desprecio y castigo. Thomas Jefferson, prócer de la libertad y propietario de esclavos, advertía que de Haití provenía el mal ejemplo, y decía que había que “confinar la peste en esa isla”. Su país lo escuchó. Los Estados Unidos demoraron sesenta años en otorgar reconocimiento diplomático a la más libre de las naciones. Mientras tanto, en Brasil, se llamaba haitianismo al desorden y a la violencia. Los dueños de los brazos negros se salvaron del haitianismo hasta 1888. Ese año, el Brasil abolió la esclavitud. Fue el último país en el mundo. Desde la revolución para acá, Haití sólo ha sido capaz de ofrecer tragedias. Era una colonia próspera y feliz y ahora es la nación más pobre del hemisferio occidental. Las revoluciones, concluyeron algunos especialistas, conducen al abismo. Y algunos dijeron, y otros sugirieron, que la tendencia haitiana al fratricidio proviene de la salvaje herencia que viene del Africa. El mandato de los ancestros. La maldición negra, que empuja al crimen y al caos. De la maldición blanca, no se habló. La Revolución Francesa había eliminado la esclavitud, pero Napoleón la había resucitado:
-¿Cuál ha sido el régimen más próspero para las colonias?
-El anterior.
-Pues, que se restablezca.
Y, para reimplantar la esclavitud en Haití, envió más de cincuenta naves llenas de soldados. Los negros alzados vencieron a Francia y conquistaron la independencia nacional y la liberación de los esclavos. En 1804, heredaron una tierra arrasada por las devastadoras plantaciones de caña de azúcar y un país quemado por la guerra feroz. Y heredaron “la deuda francesa”. Francia cobró cara la humillación infligida a Napoleón Bonaparte. A poco de nacer, Haití tuvo que comprometerse a pagar una indemnización gigantesca, por el daño que había hecho liberándose. Esa expiación del pecado de la libertad le costó 150 millones de francos oro. El nuevo país nació estrangulado por esa soga atada al pescuezo: una fortuna que actualmente equivaldría a 21.700 millones de dólares o a 44 presupuestos totales del Haití de nuestros días. Mucho más de un siglo llevó el pago de la deuda, que los intereses de usura iban multiplicando. En 1938 se cumplió, por fin, la redención final.
Para entonces, ya Haití pertenecía a los bancos de los Estados Unidos. A cambio de ese dineral, Francia reconoció oficialmente a la nueva nación. Ningún otro país la reconoció. Haití había nacido condenada a la soledad. Tampoco Simón Bolívar la reconoció, aunque le debía todo. Barcos, armas y soldados le había dado Haití en 1816, cuando Bolívar llegó a la isla, derrotado, y pidió amparo y ayuda. Todo le dio Haití, con la sola condición de que liberara a los esclavos, una idea que hasta entonces no se le había ocurrido. Después, el prócer triunfó en su guerra de independencia y expresó su gratitud enviando a Port-au-Prince una espada de regalo. De reconocimiento, ni hablar. En 1915, los marines desembarcaron en Haití. Se quedaron diecinueve años. Lo primero que hicieron fue ocupar la aduana y la oficina de recaudación de impuestos. El ejército de ocupación retuvo el salario del presidente haitiano hasta que se resignó a firmar la liquidación del Banco de la Nación, que se convirtió en sucursal del Citibank de Nueva York. El presidente y todos los demás negros tenían la entrada prohibida en los hoteles, restoranes y clubes exclusivos del poder extranjero. Los ocupantes no se atrevieron a restablecer la esclavitud, pero impusieron el trabajo forzado para las obras públicas. Y mataron mucho. No fue fácil apagar los fuegos de la resistencia. El jefe guerrillero Charlemagne Péralte, clavado en cruz contra una puerta, fue exhibido, para escarmiento, en la plaza pública. La misión civilizadora concluyó en 1934. Los ocupantes se retiraron dejando en su lugar una Guardia Nacional, fabricada por ellos, para exterminar cualquier posible asomo de democracia. Lo mismo hicieron en Nicaragua y en la República Dominicana. Algún tiempo después, Duvalier fue el equivalente haitiano de Somoza y de Trujillo. Y así, de dictadura en dictadura, de promesa en traición, se fueron sumando las desventuras y los años. Aristide, el cura rebelde, llegó a la presidencia en 1991. Duró pocos meses. El gobierno de los Estados Unidos ayudó a derribarlo, se lo llevó, lo sometió a tratamiento y una vez reciclado lo devolvió, en brazos de los marines, a la presidencia. Y otra vez ayudó a derribarlo, en este año 2004, y otra vez hubo matanza. Y otra vez volvieron los marines, que siempre regresan, como la gripe. Pero los expertos internacionales son mucho más devastadores que las tropas invasoras. País sumiso a las órdenes del Banco Mundial y del Fondo Monetario, Haití había obedecido sus instrucciones sin chistar. Le pagaron negándole el pan y la sal. Le congelaron los créditos, a pesar de que había desmantelado el Estado y había liquidado todos los aranceles y subsidios que protegían la producción nacional. Los campesinos cultivadores de arroz, que eran la mayoría, se convirtieron en mendigos o balseros. Muchos han ido y siguen yendo a parar a las profundidades del mar Caribe, pero esos náufragos no son cubanos y raras veces aparecen en los diarios. Ahora Haití importa todo su arroz desde los Estados Unidos, donde los expertos internacionales, que son gente bastante distraída, se han olvidado de prohibir los aranceles y subsidios que protegen la producción nacional. En la frontera donde termina la República Dominicana y empieza Haití, hay un gran cartel que advierte: El mal paso. Al otro lado, está el infierno negro.
Sangre y hambre, miseria, pestes. En ese infierno tan temido, todos son escultores. Los haitianos tienen la costumbre de recoger latas y fierros viejos y con antigua maestría, recortando y martillando, sus manos crean maravillas que se ofrecen en los mercados populares. Haití es un país arrojado al basural, por eterno castigo de su dignidad. Allí yace, como si fuera chatarra. Espera las manos de su gente.
Evo Morales.
En el marco de la Jornada Continental de Solidaridad con Bolivia y con Evo Morales, que se realiza hoy, 9 de octubre en la ciudad de Guatemala, como actividad conexa al III Foro Social Américas, el presidente boliviano hizo llegar el siguiente mensaje a los movimientos sociales presentes en el acto
Mensaje del Presidente Evo Morales a la Jornada Continental de Solidaridad con Bolivia, Ciudad de Guatemala, 9 de Octubre de 2008
Hermanas y hermanos, a nombre del pueblo de Bolivia, saludo a los movimientos sociales del continente, presentes en este acto de la Jornada Continental de Solidaridad con Bolivia.
Acabamos de sufrir la violencia de la oligarquía, que tuvo su mas brutal expresión en la masacre en Pando, hecho que nos enseña que ostentar el poder en base a la plata y las armas para oprimir el pueblo no es sostenible. Fácilmente se derrumba, si no es basado en un programa y la conciencia del pueblo.
Estamos viendo que la refundación de Bolivia afecta a los mezquinos intereses de unas cuantas familias de grandes terratenientes, que rechazan como agresión las medidas a favor del pueblo como la distribución más equilibrada de los recursos del gas para nuestros abuelos y abuelas, igual que la distribución de tierras, las campañas de salud y alfabetización, y otras.
Para resguardar su poder y privilegios y evadir el proceso de cambio, las oligarquías latifundistas de la llamada media luna se encubren en las autonomías departamentales y la división de la unidad nacional, prestándose a los intereses yanquis de acabar con la refundación de Bolivia.
Pero, en el referendo revocatorio del 10 de agosto, acabamos de recibir el mandato de dos tercios del pueblos boliviano, para consolidar este proceso de cambio, para seguir avanzando en la recuperación de nuestros recursos naturales, en asegurar el Vivir Bien para todas las bolivianas y bolivianos, y unir a los distintos sectores del campo y la ciudad, de oriente y de occidente.
Hermanas y hermanos, lo que ha pasado en el referendo revocatorio en Bolivia es algo importante no solamente para los bolivianos sino para todos los latinoamericanos. Lo dedicamos a todos los revolucionarios de Latinoamérica y del mundo, reivindicando la lucha de todos los procesos de cambio.
Yo venía a expresar la forma de cómo recuperar la vivencia de nuestros pueblos, llamado el Vivir Bien, recuperar nuestra visión sobre la madre tierra, que para nosotros es vida, porque no es posible que un modelo capitalista convierta a la madre tierra en mercancía. Cada vez más vemos profundas coincidencias entre el movimiento indígena y las organizaciones de los movimientos sociales, que apuestan también por el Vivir Bien. Saludamos a ellos para que de manera conjunta podamos buscar cierto equilibrio en el mundo.
Y dentro ese marco, quiero compartir y proponer para un debate unos 10 mandamientos para salvar al planeta, a la humanidad y la vida, no solamente a este nivel sino también para debatir con nuestras comunidades, con nuestras organizaciones.
Primero, si queremos salvar al planeta tierra para salvar la vida y a la humanidad, estamos en la obligación de acabar con el sistema capitalista. Los graves efectos del cambio climático, de las crisis energéticas, alimentarias y financieras, no son producto de los seres humanos en general, sino es del sistema capitalista vigente, inhumano con su desarrollo industrial ilimitado.
Segundo: renunciar a la guerra, porque de las guerras no ganan los pueblos, solo ganan los imperios, no ganan las naciones, sino las transnacionales. Las guerras benefician a pequeñas familias y no a los pueblos. Los trillones de millones que se destinan a la guerra deben ser destinados para reparar y curar a la madre tierra que esta herida por el cambio climático.
Tercera propuesta para el debate: un mundo sin imperialismo ni colonialismo, donde las relacionas deben estar orientadas en el marco de la complementariedad, y tomar en cuenta las profundas asimetrías que existe de familia a familia, de país a país, y de continente a continente.
El cuarto punto esta orientado al tema del agua, que debe ser garantizada como derecho humano y evitar su privatización en pocas manos, ya que el agua es vida.
Como un quinto punto, quiero decirles que debemos buscar cómo acabar con el derroche de energía. En 100 años estamos acabando con la energía fósil creada durante millones de años. Como algunos presidentes reservan tierras para automóviles de lujo y no para el ser humano, debemos implementar políticas para frenar los agrocombustibles y de esta manera evitar hambre y miseria para nuestros pueblos.
Como sexto punto: respecto a la Madre Tierra. El sistema capitalista trae a la Madre Tierra como una materia prima, pero la tierra no puede ser entendida como una mercancía, ¿quién podría privatizar o alquilar, fletar a su madre? Propongo que organicemos un movimiento internacional en defensa de la Madre Naturaleza, para recuperar la salud de la Madre Tierra y restablecer la vida armónica y responsable con ella.
Un tema central como séptimo punto para el debate, es que los servicios básicos, sea agua, luz, educación, salud, deben ser tomados en cuenta como un derecho humano.
Como octavo punto, consumir lo necesario, priorizar lo que producimos y consumimos localmente, acabar con el consumismo, el derroche y el lujo. Debemos priorizar la producción local para el consumo local, estimulando el auto sostenimiento y la soberanía de las comunidades dentro de los límites que la salud y los recursos menguados del planeta permitan.
Como penúltimo punto, promover la diversidad de culturas y economías. Vivir en unidad respetando nuestras diferencias, no solamente fisonómicas, también económicas, economías manejadas por las comunidades y las asociaciones.
Hermanas y hermanos, como décimo punto, planteamos el Vivir Bien, no vivir mejor a costa del otro, un Vivir Bien basado en la vivencia de nuestros pueblos, las riquezas de nuestras comunidades, tierras fértiles, agua y aire limpios. Se habla mucho del socialismo, pero hay que mejorar ese socialismo del siglo XXI, construyendo un socialismo comunitario o sencillamente el Vivir Bien, en armonía con la Madre Tierra, respetando las formas de vivencia de la comunidad.
Finalmente, hermanas y hermanos, seguramente ustedes están haciendo seguimiento sobre los problemas que existen. Llego a la conclusión que siempre habrá problemas, pero quiero decirles que estoy muy contento, no decepcionado ni preocupado porque esos grupos que permanentemente esclavizaron a nuestras familias durante la colonia, la república y en la época del neoliberalismo, siguen agrupados en algunas familias, resistiéndome.
Es nuestra lucha enfrentar esos grupos que viven en el lujo y no quieren perder el lujo, perder sus tierras. Es una lucha histórica y sigue aún esta lucha.
Hermanas y hermanos, esperando que esta Jornada Continental del III Foro Social Américas culmine con fuertes lazos de unidad entre todos ustedes y con un firme Plan de Acción a favor del pueblo de Bolivia y todos nuestros pueblos, reitero mi saludo fraternal.
Evo Morales Ayma
Presidente de la República de Bolivia
El origen del mundo
HACÍA pocos años que había terminado la guerra de España y la cruz y la espada reinaban sobre las ruinas de la República. Uno de los vencidos, un obrero anarquista, recién salido de la cárcel, buscaba trabajo. En vano revolvía cielo y tierra. No había trabajo para un rojo. Todos le ponían mala cara, se encogían de hombros o le daban la espalda. Con nadie se entendía, nadie lo escuchaba. El vino era el único amigo que le quedaba. Por las noches, ante los platos vacíos, soportaba sin decir nada los reproches de su esposa beata, una mujer de misa diaria, mientras el hijo, un niño pequeño, le recitaba el catecismo.
Mucho tiempo después, Josep Verdura, el hijo de aquel obrero maldito, me lo contó. Me lo contó en Barcelona, cuando yo llegue al exilio. Me lo contó: el era un niño desesperado que quería salvar a su padre de la condenación eterna y el muy ateo, el muy tozudo, no entendía razones.
-Pero papá - le dijo Josep, llorando- si Dios no existe, ¿Quién hizo el mundo?
-Tonto - dijo el obrero, cabizbajo, casi en secreto- tonto. Al mundo lo hicimos nosotros, los albañiles.
Eduardo Galeano
(“El libro de los abrazos”)
CARTA ABIERTA DE EVO MORALES A PROPÓSITO DE LA “DIRECTIVA RETORNO” DE LA UE
Por Bolpress
Hasta finales de la Segunda guerra mundial, Europa fue un continente de emigrantes. Decenas de millones de Europeos partieron a las Américas para colonizar, escapar de las hambrunas, las crisis financieras, las guerras o de los totalitarismos europeos y de la persecución a minorías étnicas.
Hoy, estoy siguiendo con preocupación el proceso de la llamada “directiva retorno”. El texto, validado el pasado 5 de junio por los ministros del Interior de los 27 países de la Unión Europea, tiene que ser votado el 18 de junio en el Parlamento Europeo. Siento que endurece de manera drástica las condiciones de detención y expulsión a los migrantes indocumentados, cualquiera sea su tiempo de permanencia en los países europeos, su situación laboral, sus lazos familiares, su voluntad y sus logros de integración.
A los países de América Latina y Norteamérica llegaron los europeos, masivamente, sin visas ni condiciones impuestas por las autoridades. Fueron siempre bienvenidos, Y. lo siguen siendo, en nuestros países del continente americano, que absorbieron entonces la miseria económica europea y sus crisis políticas. Vinieron a nuestro continente a explotar riquezas y a transferirlas s Europa, con un altísimo costo para las poblaciones originales de América. Como en el caso de nuestro Cerro Rico de Potosí y sus fabulosas minas de plata que permitieron dar masa monetaria al continente europeo desde el siglo XVI hasta el XIX. Las personas, los bienes y los derechos de los migrantes europeos siempre fueron respetados.
Hoy, la Unión Europea es el principal destino de los migrantes del mundo lo cual es consecuencia de su positiva imagen de espacio de prosperidad y de libertades públicas. La inmensa mayoría de los migrantes viene a la UE para contribuir a esta prosperidad, no para aprovecharse de ella. Ocupan los empleos de obras públicas, construcción, en los servicios a la persona y hospitales, que no pueden o no quieren ocupar los europeos. Contribuyen al dinamismo demográfico del continente europeo, a mantener la relación entre activos e inactivos que vuelve posible sus generosos sistemas de seguridad social y dinamizan el mercado interno y la cohesión social. Los migrantes ofrecen una solución a los problemas demográficos y financieros de la UE.
Para nosotros, nuestros migrantes representan la ayuda al desarrollo que los Europeos no nos dan – ya que pocos países alcanzan realmente el mínimo objetivo del 0,7% de su PIB en la ayuda al desarrollo. América Latina recibió, en 2006, 68.000 millones de dólares de remesas, o sea más que el total de las inversiones extranjeras en nuestros países. A nivel mundial alcanzan 300.000 millones de dólares, que superan a los 104.000 millones otorgados por concepto de ayuda al desarrollo. Mi propio país, Bolivia, recibió mas del 10% del PIB en remesas (1.100 millones de dólares) o un tercio de nuestras exportaciones anuales de gas natural.
Es decir que los flujos de migración son benéficos tanto para los Europeos y de manera marginal para nosotros del Tercer Mundo ya que también perdemos a contingentes que suman millones de nuestra mano de obra calificada, en la que de una manera u otra nuestros Estados, aunque pobres, han invertido recursos humanos y financieros.
Lamentablemente, el proyecto de “directiva retorno” complica terriblemente esta realidad. Si concebimos que cada Estado o grupo de Estados puede definir sus políticas migratorias en toda soberanía, no podemos aceptar que los derechos fundamentales de las personas sean denegados a nuestros compatriotas y hermanos latinoamericanos. La “directiva retorno” prevé la posibilidad de un encarcelamiento de los migrantes indocumentados hasta 18 meses antes de su expulsión -o “alejamiento”, según el término de la directiva. ¡18 meses! ¡Sin juicio ni justicia! Tal como esta hoy el proyecto de texto de la directiva viola claramente los artículos 2, 3, 5, 6, 7, 8 y 9 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. En particular el artículo 13 de la Declaración reza:
“1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado.
2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país”.
Y, lo peor de todo, existe la posibilidad de encarcelar a madres de familia y menores de edad, sin tomar en cuenta su situación familiar o escolar, en estos centros de internamientos donde sabemos ocurren depresiones, huelgas de hambre, suicidios. ¿Cómo podemos aceptar sin reaccionar que sean concentrados en campos compatriotas y hermanos latinoamericanos indocumentados, de los cuales la inmensa mayoría lleva años trabajando e integrándose? ¿De qué lado esta hoy el deber de ingerencia humanitaria? ¿Dónde está la “libertad de circular”, la protección contra encarcelamientos arbitrarios?
Paralelamente, la Unión Europea trata de convencer a la Comunidad Andina de Naciones (Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú) de firmar un “Acuerdo de Asociación” que incluye en su tercer pilar un Tratado de Libre Comercio, de misma naturaleza y contenido que los que imponen los Estados Unidos. Estamos bajo intensa presión de la Comisión Europea para aceptar condiciones de profunda liberalización para el comercio, los servicios financieros, propiedad intelectual o nuestros servicios públicos. Además a título de la protección jurídica se nos presiona por el proceso de nacionalización del agua, el gas y telecomunicaciones realizados en el Día Mundial de los Trabajadores. Pregunto, en ese caso ¿dónde está la “seguridad jurídica” para nuestras mujeres, adolescentes, niños y trabajadores que buscan mejores horizontes en Europa?
Promover la libertad de circulación de mercancías y finanzas, mientras en frente vemos encarcelamiento sin juicio para nuestros hermanos que trataron de circular libremente. Eso es negar los fundamentos de la libertad y de los derechos democráticos.
Bajo estas condiciones, de aprobarse esta “directiva retorno”, estaríamos en la imposibilidad ética de profundizar las negociaciones con la Unión Europea, y nos reservamos del derecho de normar con los ciudadanos europeos las mismas obligaciones de visa que nos imponen a los Bolivianos desde el primero de abril de 2007, según el principio diplomático de reciprocidad. No lo hemos ejercido hasta ahora, justamente por esperar buenas señales de la UE.
El mundo, sus continentes, sus océanos y sus polos conocen importantes dificultades globales: el calentamiento global, la contaminación, la desaparición lenta pero segura de recursos energéticos y biodiversidad mientras aumenta el hambre y la pobreza en todos los países, fragilizando nuestras sociedades. Hacer de los migrantes, que sean documentados o no, los chivos expiatorios de estos problemas globales, no es ninguna solución. No corresponde a ninguna realidad. Los problemas de cohesión social que sufre Europa no son culpa de los migrantes, sino el resultado del modelo de desarrollo impuesto por el Norte, que destruye el planeta y desmiembra las sociedades de los hombres.
A nombre del pueblo de Bolivia, de todos mis hermanos del continente regiones del mundo como el Maghreb, Asia y los países de Africa, hago un llamado a la conciencia de los líderes y diputados europeos, de los pueblos, ciudadanos y activistas de Europa, para que no se apruebe e1 texto de la “directiva retorno”.
Tal cual la conocemos hoy, es una directiva de la vergüenza. Llamo también a la Unión Europea a elaborar, en los próximos meses, una política migratoria respetuosa de los derechos humanos, que permita mantener este dinamismo provechoso para ambos continentes y que repare de una vez por todas la tremenda deuda histórica, económica y ecológica que tienen los países de Europa con gran parte del Tercer Mundo, que cierre de una vez las venas todavía abiertas de América Latina. No pueden fallar hoy en sus “políticas de integración” como han fracasado con su supuesta “misión civilizatoria” del tiempo de las colonias.
Reciban todos ustedes, autoridades, europarlamentarios, compañeras y compañeros saludos fraternales desde Bolivia. Y en particular nuestra solidaridad a todos los “clandestinos”.
Evo Morales Ayma
Presidente dela República de Bolivia
¿Qué festejamos el 12 de octubre?
Para mucha gente del mundo esta fecha tiene que ver con el día de la “raza humana”, o el día en que se descubre América. Pero creemos que esto nada tiene que ver con la realidad.
Este texto tiene como fín tratar de entender que pasó aquel 12 de Octubre de 1492, y por que y quiénes ocultaron y mintieron a la realidad.
¿Es el Día de la Raza?.
Los seres humanos nos desarrollamos biológicamente iguales. Lo que nos hace diferentes es nuestra cultura que organiza nuestra forma de vivir en sociedad, ordena nuestra forma de pensar y de manejarnos en la vida cotidiana.
O. Langaney (un científico de las ciencias naturales), nos dice: “los hombres compartimos por lo menos el 99 % de nuestras secuencias de ADN. Todos los hombres poseemos el mismo material genético, la misma fisiología y la misma anatomía”…”si despellejamos a un indígena del amazonas, o a un “gringo”, no sabríamos diferenciarlos”.
Desde este punto de vista, entonces, no podemos hablar de razas entre seres humanos, porque no existen.
Sí podemos hablar de diferentes formas de vivir.
Seguramente un indígena del Chaco, va a tener otras costumbres que los vecinos de Morón.
Lo que nos diferencia, es el idioma, la forma de administrarnos económicamente, la forma de relacionarnos, las tradiciones, y las costumbres de cada región.
Esto conforma la cultura.
Claro que somos diferentes, pero culturalmente, no biológicamente.
Biológicamente tenemos todos las mismas posibilidades, las diferencias que se generan en las sociedades son netamente culturales, no existen diferencias naturales que a algunos les posibilite ser mejores en otras cosas que a otros. Aunque mucha gente crea que se nace de tal o cual forma o con “dones”, creemos que la educación con la que uno crece y lo que ve un chico en su casa o en su alrededor, es lo que hace a la persona que adquiera ciertas formas de pensar, de expresarse, y de manejarse con las cosas y con las personas. Si Bethoven hubiera nacido en una familia indígena, no hubiera conocido el piano, y no hubiera sido lo que fue.
Retrocedamos un poco en la historia, y veremos que en la época en que Colón llega a América, (año 1492), los sacerdotes europeos de ese momento creían que cristianizándolos e imponiéndoles su cultura (la cristiana y capitalista), ayudaban a los animales indios a desarrollarse, y así les enseñaban a ser seres humanos “normales” como los europeos.
Estos sacerdotes europeos no veían a los indígenas como seres humanos, porque andaban desnudos, y hablaban otros idiomas. Los veían como animales porque no eran iguales que ellos. Esto demuestra la soberbia y la ignorancia de estos pueblos explotadores, que con el tiempo pasaron a llamarse “primer mundo”.
Con términos “científicos”, los sacerdotes de aquel momento justificaban; la dominación, la discriminación y el maltrato. Por eso decían que los ayudaban cuando los cristianizaban, aunque no hacían otra cosa que maltratarlos e ignorarlos.
Parecido a lo que decía Bush cuando invadió Irak, que quería democratizar el país, para que el pueblo irakí, sea “libre”. Los sacerdotes europeos de aquel momento querían cristianizar, por eso asesinaron millones de indígenas en todo el mundo.
Bush, quiere “democratizar”, los sacerdotes europeos del siglo xv querían “cristianizar”, mas allá del nombre que quieran ponerle a la violencia, sabemos que estos explotadores necesitan de las guerras constantemente para obtener lo que no pueden obtener mediante la paz, y así se sostiene y se sostuvo siempre este sistema de explotación.
¿Entonces que pasó aquel 12 de Octubre?.
Los europeos solo generaron saqueos y destrucción a todas las comunidades indígenas con las que se cruzaron.
No dieron importancia al gran desarrollo cultural, social y económico que los indígenas habían llevado a cabo desde sus inicios como civilizaciones:
Sus economías – que desarrollaron en forma planificada y organizada -, recaían fundamentalmente en la explotación de la tierra, que la pudieron llevar a cabo, como pocas civilizaciones lo habían hecho en el mundo, hasta ese momento.
Su desarrollo científico se concentraba generalmente en el estudio para una mejor explotación de la tierra. Pudieron desarrollar sistemas de cultivos muy completos, y complejos para la época. Experimentaron con sistemas de riego que aún Europa no había conocido.
Se organizaban con una distribución de la producción muy planificada, lo que impedía muertes masivas de hambre, como sí sucedía en Europa, y como sucede hoy en la actualidad en todo el mundo.
Generaron avances muy importante en la astronomía, en las matemáticas, y un avanzado desarrollo del calendario. Estudiaron en forma muy minuciosa los movimientos del sistema solar que les permitió, entre otras cosas, saber cual es el mejor momento para la cosecha, que era para todos.
Como vemos, avanzaron mucho en el conocimiento de la tierra, del sistema solar, y de la naturaleza en general. Porque sabían que la naturaleza es la única que les dará de comer y beber, o sea, es la única que les dará vida. Y lo sabían desde ese entonces.
Sus economías eran comunitarias, en contraposición al individualismo que impone hoy el capitalismo o el imperialismo o la globalización, o como se lo quiera llamar.
Enorme diferencia que tal vez no podemos ni valorar como sociedad capitalista porque no podemos entender un mundo que no este rodeado de intereses individuales.
Las sociedades occidentales basan su producción y sus economías en el individualismo en todos sus aspectos, es lo que resalta de este tipo de economías egoístas, que solo busca el bien personal. La persona solo piensa en sí misma, solo busca su beneficio propio. Hay personas que se pueden comprar un país y hay otras que no pueden comprarse medio kilo de pan.
Esta forma individualista de manejarnos, está legalmente aceptada, a nadie van a meter preso por no compartir sus riquezas. Pero… sí meten preso al que le roba una gallina para alimentar a su familia.
O sea que hay familias que les sobra comida y casas y autos, y hay otras familias que son las mayorías, que no tienen ni la comida del día, mucho menos una casa y menos aún un auto. Y esto está aceptado en las constituciones del mundo entero.
Este individualismo acérrimo que impone el sistema, representa diversos problemas para la humanidad en su totalidad. En principio y como fundamental son las diferencias de clases que se viven en todos los países de este mundo desigual. Básicamente se mantiene la misma ecuación: pocos ricos, y muchos pobres.
Los gravísimos problemas naturales que se vienen sucediendo en el mundo hace varios años, forma también parte de lo negativo que es este sistema económico para la humanidad.
Recién en los últimos años los “intelectuales”, del capitalismo comenzaron a ver que la naturaleza esta “chillando”, generando ciclones, fuertes inundaciones, tsunamis, deshielos, heladas, olas de calor, olas de frío, etc. Que destruyen, no solo a las plantitas y a los árboles, si no al ser humano en su totalidad.
Problema que nuestros antepasados indígenas ya habían entendido, por esto que les adjudicaban valores religiosos a los símbolos naturales.
Sus dioses tenían que ver directamente con la naturaleza, adoraban al Sol, a la lluvia, y le adjudicaban poderes sobrenaturales a algunos animales, como a la serpiente, que algunos la entendían como un símbolo de la fecundidad.
En aquellos tiempos estas culturas eran conscientes de que no debían destruir a la naturaleza, de que no harían talas masivas de arboles, porque era un daño para todos, eran conscientes de que no matarían en masa a las vacas para venderlas, porque solo vivían de lo que necesitaban, entonces no necesitaban asesinar en masa a los animales. Porque sus economías no eran obsesivas de poder y de dinero. No producían para sacar provecho de esa producción, como si sucede hoy en el capitalismo. Solo producían para el consumo de la comunidad, y para el intercambio con otras comunidades.
El problema del capitalismo, como decíamos líneas arriba es que la producción es personal, es individual, cada uno produce para sí mismo, y si alguno tiene mucha plata y quiere tener mas en el capitalismo puede hacerlo. Por eso es que si alguien tiene dinero, y puede invertir para sacar mas dinero, lo hará, sin ningún impedimento, ni legal, ni moral.
Si para llenarse de plata, un rico, debe talar masivamente árboles, lo hace, y si el clima del mundo se destruye, no es un problema, porque el único objetivo del capitalismo es la ganancia.
El capitalismo permite que esto suceda, porque la única ley que sirve para este sistema de mercados es la ley de oferta y demanda. Y esta ley, no tiene ningún significado humanitario, ya que no tiene amigos, y solo se dedica a sacar provecho de las ganancias ajenas.
No hay humanidad en el capitalismo, solo se habla de plata, no hay personas, ni animales, solo cosas que se compran, lo demás no importa, es secundario.
Las comunidades originarias de nuestro suelo, pensaban en la comunidad como un “todo”, donde se trabaja para todos los miembros de la comunidad. Así la comunidad y la humanidad es primario, no pasa a segundo plano, es lo prioritario; lo mas importante. En el mundo indígena son mas importantes las personas que las cosas.
Que gran aprendizaje que estos europeos explotadores se perdieron asesinando a estas sanas y sabias culturas, en vez de aprender de ellas, en vez de sumar conocimientos, intercambiando sanamente los aprendizajes que la historia nos da a las personas.
Pero no! Ellos buscaban otra cosa, venían a robar. Y así fue
se robaron lo que pudieron y lo que no pudieron lo prendieron fuego. Se robaron oro, plata, personas para esclavizar, o para los museos, aniquilaron culturas completas, violaron abuelas, madres, hijas…
Y así es como estos explotadores impusieron su forma de vivir, obsesiva, individual, contra todo lo que sea de todos, ya no existe algo compartido, porque no da ganancias, porque justamente lo que explota el capitalismo es el individualismo, nada es de todos, porque todas las cosas tienen dueños.
Pero las culturas originarias no tenían este concepto de las cosas, de hecho muchas comunidades indígenas recibieron a los españoles con tejidos, con comensales, etc. y la respuesta fue el saqueo, y la represión absoluta.
Imagínate que entran a robar a tu casa y vos lo recibís bien, le das de comer, etc., es rarísimo que suceda eso, no?. Pero así fue, así recibieron los indígenas a los europeos, con respeto, con amabilidad, con paz.
La contracara del capitalismo, que no respeta a la humanidad ni a la naturaleza, porque no respeta el futuro de la humanidad.
Y no respetar el futuro de la humanidad Implica: por ejemplo las inundaciones que sufrió Europa unos años atrás, que arrasó con grandes ciudades, o las olas de calor del verano de 2003 que dejó varios ancianos muertos en Francia, o las inundaciones en Santa Fe, las sequías en Africa, etc.
Implica, el gran cambio de clima que estamos viviendo en todo el mundo. Por ejemplo, tratemos de recordar como era el clima 20 años atrás. ¿Teníamos días de calor en junio?, ¿teníamos estos cambios tan bruscos del clima?, hoy en julio, hace frío, y tal vez mañana sea un día de verano.
La falta de agua será el próximo problema para los países subdesarrollados. Si Bush pudo inventar una guerra en Irak para que los yanquis tengan mas petróleo en el mercado, imaginemos cuando Bush o el próximo gran jefe considere que su país necesite agua.
Seguramente inventarán otra guerra, para “democratizar” (invadir), las regiones que tienen agua.
Estos cambios importantes que se dan en el clima, no son casualidad, son la causa de varios factores:
La tala masiva de árboles, los gases que emanan las grandes industrias, la hiperconcentración de gente en las grandes ciudades, y otros factores que de a poco siguen destruyendo nuestro planeta tierra. Consecuencia directa del capitalismo que no respeta mas que las ganancias.
Si da ganancias poner una papelera en Gualeguaychú, no hay problema, por mas que en pocos años el río se intoxique.
Así se sostiene el capitalismo, con violencia.
En un artículo del diario clarín del 20 de febrero del año 2001 podemos leer: …”esos síntomas del cambio climático provocados por el hombre llevarán a mayor frecuencia de condiciones climáticas -extrañas-, como los ciclones, las inundaciones, las sequías,… desaparecerán muchos glaciares y también se extinguirán varias especies de animales y plantas”… Este fragmento es del diario clarín, un diario defensor a ultranza del capitalismo. Pero evidentemente, ya a los mismos explotadores les empieza a hacer ruído en su panza llena.
No sabremos como se encontrara el planeta cuando nazcan nuestros hijos, o nietos. Por esto consideramos que es importante que se respete a la naturaleza, ya que de ella vivimos, sin ella, no existiríamos más. Y uno de los tantos valores que podemos rescatar de estas culturas es justamente este respeto a la Pacha Mama o “Madre Tierra”.
Tal vez hoy no lo vemos como un problema mayor, pero solo es una cuestión de tiempo.
La falta de petróleo, es un claro ejemplo. El petróleo es un producto que se extrae de la tierra, en la actualidad hay carencia de petróleo, por eso hace tiempo el barril subió su precio, de hecho provocó en la década del 70 profunda crisis, que generó modificaciones en la economía mundial.
En este caso la falta de un recurso natural, llevó a varias guerras, la última es la de Irak, que aún en la actualidad los marines yanquis siguen, maltratando, violando y asesinando irakíes.
En la actualidad en varias zonas de Europa, lavan los platos en un recipiente de agua, para que no se derroche mas de lo necesario, esto es hoy. Mañana puede ser que Alemania necesite urgente agua, y recurrirá a la violencia, como siempre hicieron los países del primer mundo. Luego se sumarán las grandes potencias del mundo, contra los países subdesarrollados, como siempre fue en la historia.
¿El 12 de octubre, el hombre descubrió América?
Los primeros seres humanos que habitaron el mundo, hace 4 millones de años, aproximadamente, se fueron expandiendo desde Africa (su lugar de origen) hacia el mundo. Conociendo nuevos lugares constantemente.
Uno de estos nuevos lugares que la mujer y el hombre conocieron, lo ubicamos en él limite entre Asia y Norteamérica. En este límite se encuentra el Estrecho de Bering, un brazo de mar que separa a Asia de Norteamérica, y tiene aproximadamente 42 Km. de ancho.
40.000 años atrás, el clima permitió que se forme una capa de hielo en este brazo de mar, que utilizaron los primeros pobladores de nuestro continente como un puente.
Es así como el hombre conoce el continente americano, en sus largas caminatas por el mundo, buscando nuevos lugares.
Hace 40 mil años que esta poblado nuestro continente.
Entonces los conquistadores de nuestro continente no son ni Colón, ni Pizarro, ni Cortés.
En realidad aquel 12 de octubre de 1492, una campaña de navegación financiada por la corona española permite a Colón y a sus acompañantes conocer nuestro continente.
La idea de la Reina de España al organizar este viaje, era poder explotar nuevas tierras para obtener mas riquezas. Se sabía que existían tierras con metales muy valiosos, y la corona española aprovechó esta situación.
Cuando los barcos europeos llegan a América (en esa época, era un continente desconocido para ellos), los tripulantes (entre ellos Colón) creían que habían llegado a Asia, por la parte de atrás.
Podemos, entonces decir que no festejamos la llegada del hombre a América, el 12 de octubre.
Pero como el hombre blanco no consideraba a los indígenas como seres humanos; claro que van a pensar que son ellos los primeros en “conquistar” América, ya que para ellos los indígenas eran animales salvajes.
Cuando estos explotadores llegan a nuestro continente, se deslumbran con sus bellezas. Sus ansias individuales de poder y dinero hicieron de esta “aventura”, una de las peores masacres que vivió la humanidad en la historia.
Entonces
el 12 de octubre festejamos la masacre de miles de culturas indígenas que fueron asesinadas por los europeos por pensar diferente a ellos. Festejamos el genocidio, y la muerte de millones de indígenas.
Fue uno de los momentos más terribles de la historia de la humanidad, ya que no solo murieron mas de 40 millones de indígenas, no solo hubieron muertes a seres humanos como nosotros, sino que exterminaron culturas completas, destruyeron sociedades con organización propia, tanto social, como económica. Y hoy se sigue festejando.
Con esta terrible masacre hemos sufrido como humanidad un retroceso en todos los aspectos de la vida humana, ya que se impuso en el mundo una forma de vida autoritaria, egoísta, explotadora, individualista. En otros términos, capitalista.
Es así como se impone el capitalismo individualista en todos los países del mundo, en todos sus espacios, hasta que hemos llegado a la actualidad donde prácticamente no existen economías que vivan por fuera de este perverso e individual sistema.
Hoy el mundo tiene un 70% de pobres, nos asesinamos entre nosotros por un pedazo de pan, nos matamos por una campera, o por un auto. Nos volvemos locos queriendo constantemente mas, cada vez queremos mas, porque nada nos alcanza. Si tenemos una casa queremos otra, si tenemos 3 televisores queremos uno mejor, y todo el tiempo buscamos consumir algo nuevo, algo que nos sacie nuestra enfermedad de obsesión por el consumismo, y por el poder que genera el hecho de vivir en un mundo individual y consumista, y fundamentalmente loco.
Exterminaron comunidades que hoy están absolutamente olvidadas, hoy no existen porque fueron asesinadas en su totalidad.
Así era la represión y el sometimiento que sufrieron estos seres humanos:
En México, entre el año 1500, y 1700 aproximadamente, el promedio de vida de los indígenas era de 25 años, debido al trabajo forzado al que estaban sometidos por los españoles para extraer metales preciosos (plata, oro, etc.) de las minas.
Otro ejemplo es la “huelga de amores” que llevaron a cabo en una comunidad algunas mujeres que no querían tener relaciones sexuales para no tener mas hijos que sean reprimidos y torturados por los españoles.
O la destrucción de templos indígenas para las construcciones de las Iglesias católicas españolas, fundamentalmente en México.
El Cacique Guaicaipuro Cuatemoc, así nos expresa el saqueo por parte de los españoles:
…”Yo los voy descubriendo. También yo puedo reclamar pagos y también puedo reclamar intereses. Consta en el archivo de Indias, papel sobre papel, recibo sobre recibo y firma sobre firma, que solamente entre el año 1503 y 1660 llegaron a San Lucas de Barrameda 185 mil kilos de oro, y 16 millones de kilos de plata provenientes de América… Nos vemos obligados a reclamarles el pago del capital y los intereses que tan generosamente hemos demorado todos estos siglos en cobrar. Al decir esto aclaramos que no nos rebajaremos a cobrarle a nuestros hermanos europeos las viles y sanguinarias tasas del 20 y hasta el 30 por ciento de interés, que los hermanos europeos le cobran a los pueblos del tercer mundo. Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos adelantados, mas el módico interés fijo del 10 por ciento acumulado solo durante los últimos 300 años, con 200 años de gracia… Informamos a los descubridores que nos deben… 185 mil kilos de oro y 16 millones de plata ambas cifras elevadas a la potencia de 300. Es decir un número para cuya expresión total serían necesarias mas de 300 cifras y que supera ampliamente el peso del planeta tierra”…
Clarísimas las palabras de este Cacique, que lamentablemente no es escuchado por los magnates del mundo que son los que nos siguen dominando, claro que hacerle caso a este gran luchador indígena, significaría que estos delincuentes legales que se dedican a robar a los pobres del mundo, organizando su sistema en función de la violencia, dejaran sus riquezas de lado.
Pero… lamentablemente no creemos que estos dueños del mundo tengan humanidad, así que como vemos sigue la explotación desmedida de unos contra otros.
Sigamos con los ejemplos: Con estas líneas, Eduardo Galeano nos comenta otra de las tantas situaciones de opresión a los indígenas: “Se crucifica a los indios en nombre de Cristo, para salvarlos del infierno, hay que evangelizar a los paganos. Se usa el Dios de los cristianos como coartada para el saqueo. El arzobispo Desmond Tutu, se refiere al Africa, pero también vale para América:
- Vinieron. Ellos tenían la Biblia, y nosotros teníamos la tierra, y nos dijeron: -cierren los ojos y recen-. Y cuando abrimos los ojos ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia”.
Pensemos estos dos nombres: Julio A Roca, y Adolfo Alsina. Sabemos que son próceres de nuestra nación. Pero recordemos parte de sus historias:
La conquista del desierto es un plan elaborado por Adolfo Alsina en 1875, este plan, consistía en ir asesinando y desplazando al indígena de las buenas tierras, para entregarlas a los blancos. Esta conquista, básicamente consistía en saquearles las tierras a los indígenas para que los blancos, (entre ellos A. Alsina, y J. A. Roca) las aprovechen para explotarlas, y hacer negocios millonarios con Inglaterra. Esta campaña autoritaria dejó muertos a miles de indígenas. Pero para estos políticos del mundo totalitario, eso no es lo importante.
Julio A. Roca, se encargó de la parte fuerte y violenta de este plan, tomó el mando de la “conquista del desierto” en 1878, y siguió aniquilando a miles de indígenas, fundamentalmente en la Patagonia.
Estas dos personas, hoy en nuestro país son consideradas próceres, tienen calles, monumentos, y billetes con sus nombres en todo nuestro territorio. Son nuestros “representantes”.
Pero…, por ejemplo el indígena Pincén que luchó en San Luis y en Mendoza, contra este plan autoritario para que sus hermanos no sigan siendo torturados, pocos conocen su nombre, y no hay casi libros de historia lo recuerdan como un gran luchador, o como un prócer.
Como estos ejemplos podemos encontrar miles, que nos demuestren la gran usurpación y la desmedida represión que sufrieron las culturas originarias. Y con la impunidad con que se manejaron los gobiernos de turno, fundamentalmente en América Latina, para saquear a las comunidades nativas.
Lamentablemente, la historia que vemos en los colegios, y la historia que nos muestran los medios de comunicación, ocultaron lo que realmente ocurrió. Siempre nos contaron el “descubrimiento” como algo agradable, lindo, hasta le agradecíamos a los españoles, por haber “descubierto” nuestro continente.
Siempre nos dijeron esto, en los colegios, en el trabajo, en la calle, en la iglesia, en el supermercado… y en todas partes.
Es un pensamiento común, cotidiano.
Otra vez nos ocultaron la realidad, los que buscan poder, los que quieren estar por encima de otros, los que buscan lujos, los ambiciosos, los autoritarios, los violentos.
Debemos saber que “si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia”, y esta es la historia que queremos entender, la de los oprimidos, la de los desocupados, la de los que no tienen voz ni voto, la de las mayorías. Para recuperar la historia de los pueblos.
Surcos de odio y rostros rocosos que muestran una indigna vejez. Vejez indigna no propiamente, sino como consecuencia inevitable de una indigna construcción, año tras año de una sórdida juventud.
Porque un edificio levantado a fuerza de cadáveres nunca será digno. Puede uno, quizás desconocer ese pasado, pero esos rostros son un libro abierto. Un papiro decrépito escrito con sangre; inequívoco.
Senderos tallados con cincel, un tallado profundo alojado en el alma de estos cuerpos muertos que aún caminan por las calles, respirando un aire que no merecen. Respirando un aire contaminado para sus pulmones, que necesitan el veneno que antaño respiraban, que antaño generaron para alimentar las células putrefactas que oscurecieron el cielo.
Altivos, soberbios. Desdeñosos de una sociedad que supo, en su desconcierto fomentar y delinear su figura y hoy les vuelve la espalda.
Morirán, sin dudas, hoy o mañana cuando su indigna vejez exhale por fin sus últimos alientos. Cuando su cuerpo se pudra y se canse de soportar un alma corrompida. Pero ya será tarde, habrán consumido sus días sin interrupción y sin más dolor que transitar su postrimería, lleno de espaldas a su alrededor. Espaldas que siempre serán espaldas porque queriendo o no, caminan en la misma dirección. Espaldas que por olvido o cobardía siempre serán espaldas. Espaldas que deberían ser pechos erguidos que caminan a su encuentro. Pechos que no deberían doblegarse ante la edad y ante un cuerpo decadente. Que no deberían engañarse y perdonar la indigna vejez. Porque antes que vejez es una indignidad que debe pagar su construcción consumada en la aberración.
G.P.
Por Eduardo Galeano
Lamentablemente, no podré estar con ustedes. Se me atravesó un palo en la rueda, que me impide viajar. Pero quiero acompañar de alguna manera esta reunión de ustedes, esta reunión de los míos, ya que no tengo más remedio que hacer lo poquito que puedo y no lo muchito que quiero. Y por estar sin estar estando, al menos les envío estas palabras.
Quiero decirles que ojalá se pueda hacer todo lo posible, y lo imposible también, para quela Cumbredela Madre Tierrasea la primera etapa hacia la expresión colectiva de los pueblos que no dirigen la política mundial, pero la padecen.
Ojalá seamos capaces de llevar adelante estas dos iniciativas del compañero Evo, el Tribunal dela Justicia Climáticay el Referéndum Mundial contra un sistema de poder fundado en la guerra y el derroche, que desprecia la vida humana y pone bandera de remate a nuestros bienes terrenales.
Ojalá seamos capaces de hablar poco y hacer mucho. Graves daños nos ha hecho, y nos sigue haciendo, la inflación palabraria, que en América latina es más nociva que la inflación monetaria. Y también, y sobre todo, estamos hartos de la hipocresía de los países ricos, que nos están dejando sin planeta mientras pronuncian pomposos discursos para disimular el secuestro.
Hay quienes dicen que la hipocresía es el impuesto que el vicio paga a la virtud. Otros dicen que la hipocresía es la única prueba de la existencia del infinito. Y el discurserío de la llamada “comunidad internacional”, ese club de banqueros y guerreros, prueba que las dos definiciones son correctas.
Yo quiero celebrar, en cambio, la fuerza de verdad que irradian las palabras y los silencios que nacen de la comunión humana con la naturaleza. Y no es por casualidad que esta Cumbre dela Madre Tierrase realiza en Bolivia, esta nación de naciones que se está redescubriendo a sí misma al cabo de dos siglos de vida mentida.
Bolivia acaba de celebrar los diez años de la victoria popular en la guerra del agua, cuando el pueblo de Cochabamba fue capaz de derrotar a una todopoderosa empresa de California, dueña del agua por obra y gracia de un gobierno que decía ser boliviano y era muy generoso con lo ajeno.
Esa guerra del agua fue una de las batallas que esta tierra sigue librando en defensa de sus recursos naturales, o sea: en defensa de su identidad con la naturaleza.
Hay voces del pasado que hablan al futuro.
Bolivia es una de las naciones americanas donde las culturas indígenas han sabido sobrevivir, y esas voces resuenan ahora con más fuerza que nunca, a pesar del largo tiempo de la persecución y del desprecio.
El mundo entero, aturdido como está, deambulando como ciego en tiroteo, tendría que escuchar esas voces. Ellas nos enseñan que nosotros, los humanitos, somos parte de la naturaleza, parientes de todos los que tienen piernas, patas, alas o raíces. La conquista europea condenó por idolatría a los indígenas que vivían esa comunión, y por creer en ella fueron azotados, degollados o quemados vivos.
Desde aquellos tiempos del Renacimiento europeo, la naturaleza se convirtió en mercancía o en obstáculo al progreso humano. Y hasta hoy, ese divorcio entre nosotros y ella ha persistido, a tal punto que todavía hay gente de buena voluntad que se conmueve por la pobre naturaleza, tan maltratada, tan lastimada, pero viéndola desde afuera.
Las culturas indígenas la ven desde adentro. Viéndola, me veo. Lo que contra ella hago, está hecho contra mí. En ella me encuentro, mis piernas son también el camino que las anda.
Celebremos, pues, esta Cumbre dela Madre Tierra.Y ojalá los sordos escuchen: los derechos humanos y los derechos de la naturaleza son dos nombres de la misma dignidad.
* Hoy empieza en Cochabamba, Bolivia, la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, convocada por el presidente boliviano Evo Morales.
19 de abril de 2010
LA GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA CONTRA EL PARAGUAY ANIQUILÓ LA ÚNICA EXPERIENCIA EXITOSA DE DESARROLLO INDEPENDIENTE
El hombre viajaba a mi lado, silencioso. Su perfil, nariz afilada, altos pómulos, se recortaba contra la fuerte luz del mediodía. Íbamos rumbo a Asunción, desde la frontera del sur, en un ómnibus para veinte personas que contenía, no sé cómo, cincuenta. Al cabo de unas horas, hicimos un alto. Nos sentamos en un patio abierto, a la sombra de un árbol de hojas carnosas. A nuestros ojos, se abría el brillo enceguecedor de la vasta, despoblada, intacta tierra roja: de horizonte a horizonte, nada perturba la transparencia del aire en Paraguay. Fumamos.
Mi compañero, campesino de habla guaraní, enhebró algunas palabras tristes en castellano. «Los paraguayos somos pobres y pocos», me dijo. Me explicó que había bajado a Encarnación a buscar trabajo pero no había encontrado. Apenas si había podido reunir unos pesos para el pasaje de vuelta. Años atrás de muchacho, había tentado fortuna en Buenos Aires y en el sur de Brasil. Ahora venia la cosecha del algodón y muchos braceros paraguayos marchaban, como todos los años, rumbo a tierras argentinas. “Pero yo ya tengo sesenta y tres años. Mi corazón ya no soporta las demasiadas gentes”.
Suman medio millón los paraguayos que han abandonado la patria, definitivamente, en los últimos veinte años. La miseria empuja al éxodo a los habites del país que era, hasta hace un siglo, el más avanzado de América del Sur. Paraguay tiene ahora una población que apenas duplica a la que por entonces tenía y es, con Bolivia, uno de los dos países sudamericanos más pobres y atrasados. Los paraguayos sufren la herencia de una guerra de exterminio que se incorporó a la historia de América Latina como su capítulo más infame. Se llamó la Guerra de la Triple Alianza. Brasil, Argentina y Uruguay tuvieron a su cargo el genocidio. No dejaron piedra sobre piedra ni habitantes varones entre los escombros. Aunque Inglaterra no participó directamente en la horrorosa hazaña, fueron sus mercaderes, sus banqueros y sus industriales quienes resultaron beneficiados con el crimen de Paraguay. La invasión fue financiada, de principio a fin, por el Banco de Londres, la Casa Baring Brothersy la banca Rothschild, en empréstitos con intereses leoninos que hipotecaron la suerte de los países vencedores.
Hasta su destrucción, Paraguay se erguía como una excepción en América Latina: la única nación que el capital extranjero no había deformado. El largo gobierno de mano de hierro del dictador Gaspar Rodríguez de Francia (1814-1840) había incubado, en la matriz del aislamiento, un desarrollo económico autónomo y sostenido. El Estado, omnipotente, paternalista, ocupaba el lugar de una burguesía nacional que no existía, en la tarea de organizar la nación y orientar sus recursos y su destino. Francia se había apoyado en las masas campesinas para aplastar la oligarquía paraguaya y había conquistado la paz interior tendiendo un estricto cordón sanitario frente a los restantes países del antiguo virreinato del no de la Plata. Las expropiaciones, los destierros, las prisiones, las persecuciones y las multas no habían servido de instrumentos para la consolidación del dominio interno de los terratenientes y los comerciantes sino que, por el contrario, habían sido utilizados para su destrucción. No existían, ni nacerían más tarde, las libertades políticas y el derecho de oposición, pero en aquella etapa histórica sólo los nostálgicos de los privilegios perdidos sufrían la falta de democracia. No había grandes fortunas privadas cuando Francia murió, y Paraguay era d único país de América Latina que no tenía mendigos, hambrientos ni ladrones; los viajeros de la época encontraban allí un oasis de tranquilidad en medio de las demás comarcas convulsionadas por las guerras continuas. El agente norteamericano Hopkins informaba en 1845 a su gobierno que en Paraguay “no hay niño que no sepa leer y escribir. ..”. Era también d único país que no vivía con la mirada clavada al otro lado del mar. El comercio exterior no constituía d eje de la vida nacional; la doctrina liberal, expresión ideológica de la articulación mundial de los mercados, carecía de respuestas para los desafíos que Paraguay, obligado a crecer hacia dentro por su aislamiento mediterráneo, se estaba planteando desde principios de siglo. El exterminio, de la oligarquía hizo posible la concentración de los resortes económicos fundamentales en manos del Estado, para llevar adelante esta política autárquica de desarrollo dentro de fronteras.
Los posteriores gobiernos de Carlos Antonio López y su hijo Francisco Solano continuaron y vitalizaron la tarea. La economía estaba en pleno crecimiento. Cuando los invasores aparecieron en el horizonte, en 1865, Paraguay contaba con una línea de telégrafos, un ferrocarril y una buena cantidad de fábricas de materiales de construcción, tejidos, lienzos, ponchos, papel y tinta, loza y pólvora.
Doscientos técnicos extranjeros, muy bien pagados por el Estado, prestaban su colaboración decisiva. Desde 1850, la fundición de Ibycui fabricaba cañones, morteros y balas de todos los calibres; en el arsenal de Asunción se producían cañones de bronce, obuses y balas. La siderurgia nacional, como todas las demás actividades económicas esenciales, estaba en manos del Estado. El país contaba con una flota mercante nacional, y habían sido construidos en el astillero de Asunción varios de los buques que ostentaban el pabellón paraguayo a lo largo del Paraná o a través del Atlántico y el Mediterráneo. El Estado virtualmente monopolizaba el comercio exterior: la yerba y el tabaco abastecían el consumo del sur del continente; las maderas valiosas se exportaban a Europa. La balanza comercial arrojaba un fuerte superávit. Paraguay tenía una moneda fuerte y estable, y disponía de suficiente riqueza para realizar enormes inversiones públicas sin recurrir al capital extranjero. El país no debía ni un centavo al exterior, pese a lo cual estaba en condiciones de mantener el mejor ejército de América del Sur, contratar técnicos ingleses que se ponían al servicio del país en lugar de poner al país a su servicio, y enviar a Europa a unos cuantos jóvenes universitarios paraguayos para perfeccionar sus estudios. El excedente económico generado por la producción agrícola no se derrochaba en el lujo estéril de una oligarquía inexistente, ni iba a parar a los bolsillos de los intermediarios, ni a las manos brujas de los prestamistas, ni al rubro ganancias que el Imperio británico nutría con los servicios de fletes y seguros. La esponja imperialista no absorbía la riqueza que el país producía.
El 98 por ciento del territorio paraguayo era de propiedad pública: el Estado cedía a los campesinos la explotación de las parcelas a cambio de la obligación de poblarlas y cultivadas en forma permanente y sin el derecho de venderlas. Había, además; sesenta y cuatro estancias de la patria, haciendas que el Estado administraba directamente. Las obras de riego, represas y canales, y los nuevos puentes y caminos contribuían en grado importante a la elevación de la productividad agrícola. Se rescató la tradición indígena de las dos cosechas anuales, que había sido abandonada por los conquistadores. El aliento vivo de las tradiciones jesuitas facilitaba, sin duda, todo este proceso creador.
El Estado paraguayo practicaba un celoso proteccionismo, muy reforzado en 1864, sobre la industria nacional y el mercado interno; los ríos interiores no estaban abiertos a las naves británicas que bombardeaban con manufacturas de Manchester y de Liverpool a todo el resto de América Latina. El comercio inglés no disimulaba su inquietud, no sólo porque resultaba invulnerable aquel último foco de resistencia nacional en el corazón del continente, sino también, y sobre todo, por la fuerza de ejemplo que la experiencia paraguaya irradiaba peligrosamente hacia los vecinos. El país más progresista de América Latina construiría su futuro sin inversiones extranjeras, sin empréstitos de la banca inglesa y sin las bendiciones del comercio libre.
Pero a medida que Paraguay iba avanzando en este proceso, se hacía más aguda su necesidad de romper la reclusión. El desarrollo industrial requería contactos más intensos y directos con el mercado internacional y las fuentes de la técnica avanzada. Paraguay estaba objetivamente bloqueado entre Argentina y Brasil, y ambos países podían negar d oxígeno a sus pulmones cerrándole, como lo hicieron Rivadavia y Rosas, las bocas de los ríos, o fijando impuestos arbitrarios al tránsito de sus mercancías.
Para sus vecinos, por otra parte, era una imprescindible condición, a los fines de la consolidación del estado oligárquico, terminar con el escándalo de aquel país que se bastaba a sí mismo y no quería arrodillarse ante los mercaderes británicos.
El ministro inglés en Buenos Aires, Edward Thornton, participó considerablemente en los preparativos de la guerra. En vísperas del estallido, tomaba parte, como asesor del gobierno, en las reuniones del gabinete argentino, sentándose aliado del presidente Bartolomé Mitre. Ante su atenta mirada se urdió la trama de provocaciones y de engaños que culminó con el acuerdo argentino-brasileño y selló la suerte de Paraguay. Venancio Flores invadió Uruguay, en ancas de la intervención de los dos grandes vecinos, y estableció en Montevideo, después de la matanza de Paysandú, su gobierno adicto a Río de Janeiro y Buenos Aires. La Triple Alianza estaba en funcionamiento.
El presidente paraguayo Solano López había amenazado con la guerra si asaltaban Uruguay: sabía que así se estaba cerrando la tenaza de hierro en torno a la garganta de su país acorralado por la geografía y los enemigos. El historiador liberal Efraím Cardozo no tiene inconveniente en sostener, sin embargo, que López se plantó frente a Brasil simplemente porque estaba ofendido: el emperador le había negado la mano de una de sus hijas. La guerra había nacido. Pero era obra de Mercurio, no de Cupido.
La prensa de Buenos Aires llamaba “Atila de América” al presidente paraguayo López: “Hay que matarlo como a un reptil”, clamaban los editoriales. En septiembre de 1864, Thornton envió a Londres un extenso informe confidencial, fechado en Asunción. Describía a Paraguay como Dante al infierno, pero ponía el acento donde correspondía: «Los derechos de importación sobre casi todos los artículos son del 20 o 25 por ciento ad valorem; pero como este valor se calcula sobre el precio corriente de los artículos, el derecho que se paga alcanza frecuentemente del 40 al 45 por ciento del precio de factura. Los derechos de exportación son del 10 al 20 por ciento sobre el valor…» En abril de 1865, el Standard, diario inglés de Buenos Aires, celebraba ya la declaración de guerra de Argentina contra Paraguay, cuyo presidente «ha infringido todos los usos de las naciones civilizadas, y anunciaba que la espada del presidente argentino Mitre «llevará en su victoriosa carrera, además del peso de glorias pasadas, el impulso irresistible de la opinión pública en una causa justa». El tratado con Brasil y Uruguay se firmó el 10 de mayo de 1865; sus términos draconianos fueron dados a la publicidad un año más tarde, en el diario británico The Times, que lo obtuvo de los banqueros acreedores de Argentina y Brasil. Los futuros vencedores se repartían anticipadamente, en el tratado, los despojos del vencido: Argentina se aseguraba todo el territorio de Misiones y el inmenso Chaco; Brasil devoraba una extensión inmensa hacia el oeste de sus fronteras. A Uruguay, gobernado por un títere de ambas potencias, no le tocaba nada. Mitre anunció que tomaría Asunción en tres meses. Pero la guerra duró cinco años. Fue una carnicería, ejecutada todo a lo largo de los fortines que defendían, tramo a tramo, el río Paraguay. El «oprobioso tirano» Francisco Solano López encarnó heroicamente la voluntad nacional de sobrevivir; el pueblo paraguayo, que no sufría la guerra desde hacía medio siglo, se inmoló a su lado. Hombres, mujeres, niños y viejos: todos se batieron como leones. Los prisioneros heridos se arrancaban las vendas para que no los obligaran a pelear contra sus hermanos. En 1870, López, a la cabeza de un ejército de espectros, ancianos y niños que se ponían barbas postizas para impresionar desde lejos, se internó en la selva. Las tropas invasoras asaltaron los escombros de Asunción con el cuchillo entre los dientes; Cuando finalmente el presidente paraguayo fue asesinado a bala y a lanza en la espesura del cerro Corá, alcanzó a decir: «Muero con mi patria! », y era verdad. Paraguay moría con él. Antes, López había hecho fusilar a su hermano y a un obispo, que con él marchaban en aquella caravana de la muerte. Los invasores venían para redimir al pueblo paraguayo: lo exterminaron. Paraguay terna, al comienzo de la guerra, poco menos población que Argentina. Sólo doscientos cincuenta mil paraguayos, menos de la sexta parte, sobrevivían en 1870. Era el triunfo de la civilización. Los vencedores, arruinados por el altísimo costo del crimen, quedaban en manos de los banqueros ingleses que habían financiado la aventura. El imperio esclavista de Pedro II, cuyas tropas se nutrían de esclavos y presos, ganó, no obstante, territorios, más de sesenta mil kilómetros cuadrados, y también mano de obra, porque muchos prisioneros paraguayos marcharon a trabajar en los cafetales paulistas con la marca de hierro de la esclavitud.
La Argentina del presidente Mitre, que había aplastado a sus propios caudillos federales, se quedó con noventa y cuatro mil kilómetros cuadrados de tierra paraguaya y otros frutos del botín, según el propio Mitre había anunciado cuando escribió: “Los prisioneros y demás artículos de guerra nos los dividiremos en la forma convenida”. Uruguay, donde ya los herederos de Artigas habían sido muertos o derrotados y la oligarquía mandaba, participó de la guerra como socio menor y sin recompensas. Algunos de los soldados uruguayos enviados a la campaña del Paraguay habían subido a los buques con las manos atadas. Los tres países sufrieron una bancarrota financiera que agudizó su dependencia frente a Inglaterra. La matanza de Paraguay los signó para siempre.
Brasil había cumplido con la función que el Imperio británico le había adjudicado desde los tiempos en que los ingleses trasladaron el trono portugués a Río de Janeiro. A principios del siglo XIX, habían sido claras las instrucciones de Canning al embajador, Lord Strangford: “Hacer del Brasil un emporio para las manufacturas británicas destinadas al consumo de toda la América del Sur”. Poco antes de lanzarse a la guerra, el presidente de Argentina había inaugurado una nueva línea de ferrocarriles británicos en su país, y había pronunciado un inflamado discurso: “¿ Cuál es la fuerza que impulsa este progreso? Señores: ¡es el capital inglés!”. Del Paraguay derrotado no sólo desapareció la población: también las tarifas aduaneras, los hornos de fundición, los ríos clausurados al libre comercio, la independencia económica y vastas zonas de su territorio. Los vencedores implantaron, dentro de las fronteras reducidas por el despojo, el librecambio y el latifundio. Todo fue saqueado y todo fue vendido: las tierras y los bosques, las minas, los yerbales, los edificios de las escuelas. Sucesivos gobiernos títeres serían instalados, en Asunción, por las fuerzas extranjeras de ocupación. No bien terminó la guerra, sobre las ruinas todavía humeantes de Paraguay cayó el primer empréstito extranjero de su historia. Era británico, por supuesto. Su valor nominal alcanzaba el millón de libras esterlinas, pero a Paraguay llegó bastante menos de la mitad; en los años siguientes, las refinanciaciones elevaron la deuda a más de tres millones. La Guerra del Opio había terminado, en 1842, cuando se firmó en Nanking el tratado de libre comercio que aseguró a los comerciantes británicos el derecho de introducir libremente la droga en el territorio chino. También la libertad de comercio fue garantizada por Paraguay después de la derrota. Se abandonaron los cultivos de algodón, y Manchester arruinó la producción textil; la industria nacional no resucitó nunca.
El Partido Colorado, que hoy gobierna a Paraguay, especula alegremente con la memoria de los héroes, pero ostenta al pie de su acta de fundación la firma de veintidós traidores al mariscal Solano López, «legionarios» al servicio de las tropas brasileñas de ocupación. El dictador Alfredo Stroessner, que ha convertido al Paraguay en un gran campo de concentración desde hace quince años, hizo su especialización militar en Brasil, y los generales brasileños lo devolvieron a su país con altas calificaciones y encendidos elogios: «Es digno de gran futuro…» Durante su reinado, Stroessner desplazó a los intereses anglo argentinos dominantes en Paraguay durante las Última décadas, en beneficio de Brasil y sus dueños norteamericanos. Desde 1870, Brasil y Argentina, que liberaron a Paraguay para comérselo a dos bocas, se alternan en el usufructo de los despojos del país derrotado, pero sufren, a su vez, d imperialismo de logran potencia de turno. Paraguay padece, al mismo tiempo, el imperialismo y el subimperialismo. Antes el Imperio británico constituía d eslabón mayor de la cadena de las dependencias sucesivas. Actualmente, los Estados Unidos, que no ignoran la importancia geopolítica de este país enclavado en d centro de América del Sur, mantienen en suelo paraguayo asesores innumerables que adiestran y orientan a las fuerzas armadas, cocinan los planes económicos, reestructuran la universidad a su antojo, inventan un nuevo esquema político democrático para d país y retribuyen con préstamos onerosos los buenos servicios del régimen.
Pero Paraguay es también colonia de colonias. Utilizando la reforma agraria como pretexto, el gobierno de Stroessner derogó, haciéndose e l distraído, la disposición legal que prohibía la venta a extranjeros de tierras en zonas de frontera seca, y hoy hasta los territorios fiscales han caído en manos de los latifundistas brasileños del café. La onda invasora atraviesa el no Paraná con la complicidad del presidente, asociado a los terratenientes que hablan portugués. Llegué a la movediza frontera del nordeste de Paraguay con billetes que tenían estampado el rostro del vencido mariscal Solano López, pero allí encontré que sólo tienen valor los que lucen la efigie del victorioso emperador Pedro II. El resultado de la Guerra de la Triple Alianza cobra, transcurrido un siglo, ardiente actualidad. Los guardas brasileños exigen pasaporte a los ciudadanos paraguayos para circular por su propio país; son brasileñas las banderas y las iglesias. La piratería de tierra abarca también los saltos del Guayrá, la mayor fuente potencial de energía en toda América Latina, que hoy se llaman, en portugués, Sete Quedas, y la zona del Itaipú, donde Brasil construirá la mayor central hidroeléctrica del mundo.
El subimperialismo o imperialismo de segundo grado, se expresa de mil maneras. Cuando el presidente Johnson decidió sumergir en sangre a los dominicanos, en 1965, Stroessner envió soldados paraguayos a Santo Domingo, para que colaboraran en la faena. El batallón se llamó, broma siniestra, «Mariscal Solano López». Los paraguayos actuaron a las órdenes de un general brasileño, porque fue Brasil quien recibió los honores de la traición: el general Panasco Alvim encabezó las tropas latinoamericanas cómplices en la matanza. De la misma manera, podrían citarse otros ejemplos. Paraguay otorgó a Brasil una concesión petrolera en su territorio, pero el negocio de la distribución de combustibles y la petroquímica están, en Brasil, en manos norteamericanas. La Misión Cultural Brasileña es dueña de la Facultad de Filosofía y Pedagogía de la universidad paraguaya, pero los norteamericanos manejan ahora a las universidades de Brasil. El estado mayor del ejército paraguayo no sólo recibe la asesoría de los técnicos del Pentágono, sino también de generales brasileños que a su vez responden al Pentágono como el eco a la voz. Por la vía abierta del contrabando, los productos industriales de Brasil invaden el mercado paraguayo, pero muchas de las fábricas que los producen en Sao Paulo son, desde la avalancha desnacionalizadora de estos últimos años, propiedad de las corporaciones multinacionales.
Stroessner se considera heredero de los López. El Paraguay de hace un siglo ¿puede ser impunemente cotejado con el Paraguay de ahora, emporio del contrabando en la cuenca del Plata y reino de la corrupción institucionalizada? En un acto político donde el partido de gobierno reivindicaba a la vez, entre vítores y aplausos, a uno y otro Paraguay, un muchachito vendía, bandeja al pecho, cigarrillos de contrabando: la fervorosa concurrencia pitaba nerviosamente Kent, Marlboro, Camel y Benson & Hedges. En Asunción, la escasa clase media bebe whisky Ballantine’s en vez de tomar caña paraguaya. Uno descubre los últimos modelos de los más lujosos automóviles fabricados en Estados Unidos o Europa, traídos al país de contrabando o previo pago de menguados impuestos, al mismo tiempo que se ven, por las calles, carros tirados por bueyes que acarrean lentamente los frutos al mercado: la tierra se trabaja con arados de madera y los taxímetros son Impalas. Stroessner dice que el contrabando es «el precio de la paz»: los generales se llenan los bolsillos y no conspiran. La industria, por supuesto, agoniza antes de crecer. El Estado ni siquiera cumple con el decreto que manda preferir los productos de las fábricas nacionales en las adquisiciones públicas. Los únicos triunfos que el gobierno exhibe, orgulloso, en la materia, son las plantas de Coca Cola, Crush y Pepsi Cola, instaladas desde fines de 1966 como contribución norteamericana al progreso del pueblo paraguayo. El Estado manifiesta que sólo intervendrá directamente en la creación de empresas «cuando el sector privado no demuestre interés, y el Banco Central comunica al Fondo Monetario Internacional que «ha decidido implantar un régimen de mercado libre de cambios y abolir las restricciones al comercio y a las transacciones en divisas»; un folleto editado por el Ministerio de Industria y Comercio advierte a los inversores que el país otorga “concesiones especiales para el capital extranjero” Se exime a las empresas extranjeras del pago de impuestos y de derechos aduaneros, «para crear un clima propicio para las inversiones». Un año después de instalarse en Asunción, el National City Bank de Nueva York recupera íntegramente el capital invertido. La banca extranjera, dueña del ahorro interno, proporciona a Paraguay créditos externos que acentúan su deformación económica e hipotecan aún más su soberanía.
En el campo, el uno y medio por ciento de los propietarios dispone del noventa por ciento de las tierras explotadas, y se cultiva menos del dos por ciento de la superficie total del país. El plan oficial de colonización en el triángulo de Caaguazú ofrece a los campesinos hambrientos más tumbas que prosperidades.
La Triple Alianza sigue siendo todo un éxito.
Los hornos de la fundición de Ibycuí, donde se forjaron los cañones que defendieron a la patria invadida, se erguían en un paraje que ahora se llama «Mina-cué» -que en guaraní significa “Fue mina”.
Allí, entre pantanos y mosquitos, junto a los restos de un muro derruido, yace todavía la base de la chimenea que los invasores volaron, hace un siglo, con dinamita, y pueden verse los pedazos de hierro podrido de las instalaciones deshechas. Viven, en la zona, unos pocos campesinos en harapos, que ni siquiera saben cuál fue la guerra que destruyó todo eso. Sin embargo, ellos dicen que en ciertas noches se escuchan, allí, voces de máquinas y truenos de martillos, estampidos de cañones y alaridos de soldados.